Llevas los ojos pintados de rayos de noche,
suave carita angelical desconsolada,
y un paracaídas raído en los labios.
La noche sigue rayándote la pintura de los ojos
y tu sombra es más larga que el silencio,
tus palabras son funambulistas ebrios.
Y me cuentas que ya no sabes si debes contar
o descontar los días,
o contar de dos en dos,
o quitarle los domingos al calendario,
o arrancar el segundero de todos los relojes.
Yo te digo que los días son de barro,
que se moldean con las manos,
y te invito a rayar la pintura de la noche
con las llaves de tus ojos.
Pero mis palabras son trapecistas sordos
en el circo fantasma de las utopías
de este maestro de ceremonias,
desahuciado y cretino...
que solo buscaba un poco de cariño.
Y el barro de los días se va solidificando
por haber querido mordearlo con palabras.
Y ya no queda vida...
Y nos alejamos del abismo de los bares
mientras un rayo de luz le pinta los ojos a la noche.
Y nos alejamos el uno del otro
aunque caminemos en la misma dirección,
como dos malabaristas mancos
que quisieron impresionar al tiempo
y éste se les vino encima.
Y nos alejamos el uno del otro
para no tener razones para dejar de ser suicidas,
por el vértigo que supone alejarse del abismo.
Suso Sudón