viernes, 17 de mayo de 2013

Sabiendo que mi fortuna no sólo es la luna, también son mis pasos; y si mis pasos no avanzan, me las apaño.

Yo que a la vida le he dao un montón de bocaos aún tengo hambre, 
y sin alardes pateo por este jaleo en busca de aire, 
pues sé que tarde o temprano vendrá una mano sin miedo a cobrarme, 
y esta no se anda con cuentos, ni pierde el tiempo, ni viene en balde.
Así que voy a seguir en este festín orquestao por los años,
 pillando de aquí y de allí, limando los tajos y los golpes bajos; 
leyendo las cicatrices de las heridas que adornan mi vida
que a poco que se descuidan se vuelve a cortar; 
y me unto con sal y sano enseguida, le doy al panal otra ristra de muerdos; 
y guardo el recuerdo pa que no digan que fue un farol;
y busco timón si voy a la deriva, me hago terrón pa no entrar en la criba;
y si en la pelea sufro desgarros me arreglo con barro.

Y subo al carro de la vida, a seguir batallando mientras vayan quedando cartas pa la partida, y subo al carro de la vida, del que empujan los años y tiran los días.

Y como del cielo, bebo de charcos.

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