Yo que a la vida le he dao un montón de bocaos aún tengo hambre,
y sin alardes pateo por este jaleo en busca de aire,
pues sé que tarde o temprano vendrá una mano sin miedo a cobrarme,
y esta no se anda con cuentos, ni pierde el tiempo, ni viene en balde.
Así que voy a seguir en este festín orquestao por los años,
pillando de aquí y de allí, limando los tajos y los golpes bajos;
leyendo las cicatrices de las heridas que adornan mi vida
que a poco que se descuidan se vuelve a cortar;
que a poco que se descuidan se vuelve a cortar;
y me unto con sal y sano enseguida, le doy al panal otra ristra de muerdos;
y guardo el recuerdo pa que no digan que fue un farol;
y busco timón si voy a la deriva, me hago terrón pa no entrar en la criba;
y si en la pelea sufro desgarros me arreglo con barro.
Y subo al carro de la vida, a seguir batallando mientras vayan quedando cartas pa la partida, y subo al carro de la vida, del que empujan los años y tiran los días.
Y como del cielo, bebo de charcos.
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