Otra vez más. Esa sensación de que se ha friccionado algo dentro de ti, te duele tanto que durante segundos no sabes cómo desprenderte de ella, se agarra fuerte a tus entrañas, y te ahoga, y te mata un poquito a la vez... Hasta que, al fin, arrancas a sollozar. Y no digo llorar, porque llorar es precioso. Sollozas cuando no hay consuelo y las lágrimas te llegan hasta el ombligo, - ése que a él tanto le gustaba. Y te hieres, piensas en todo aquello que has hecho mal, te castigas, vuelven los quejíos desde bien hondo. Saborear las lágrimas es saborearlo a él, y te das cuenta de que ese superpoder te va a acompañar por un tiempo indefinido y quién sabe si ilimitado.
Me suele pasar lo mismo a mí, la mejor medicina para ese dolor es no pensar, olvidar, o intentarlo al menos. Expresar esos sentimientos a través de la música o fotografía. Convierte tu dolor en arte.
ResponderEliminarChojin - Rie cuando puedas.
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