sábado, 28 de septiembre de 2013

28.09.2013

Otra vez más. Esa sensación de que se ha friccionado algo dentro de ti, te duele tanto que durante segundos no sabes cómo desprenderte de ella, se agarra fuerte a tus entrañas, y te ahoga, y te mata un poquito a la vez... Hasta que, al fin, arrancas a sollozar. Y no digo llorar, porque llorar es precioso. Sollozas cuando no hay consuelo y las lágrimas te llegan hasta el ombligo, - ése que a él tanto le gustaba. Y te hieres, piensas en todo aquello que has hecho mal, te castigas, vuelven los quejíos desde bien hondo. Saborear las lágrimas es saborearlo a él, y te das cuenta de que ese superpoder te va a acompañar por un tiempo indefinido y quién sabe si ilimitado.

2 comentarios:

  1. Me suele pasar lo mismo a mí, la mejor medicina para ese dolor es no pensar, olvidar, o intentarlo al menos. Expresar esos sentimientos a través de la música o fotografía. Convierte tu dolor en arte.

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