"Como buen guerrero, puedo dar la talla, puedo darlo todo, pues doy todo por perdido. En cada batalla nunca me he rendido, porque si la pierdo ¿para qué quiero estar vivo?"
Y los barcos fugaron para volver a dejarme tirado en un puerto. Su acento era milagro; el viento rizándole en silencio la piel a la arena pegada. Y los besos siguientes fueron "Hoy, quédate", y me quedé parado en el tiempo.
Fuego final..., lo digo y no lo puedo escuchar. Los días se escapan, las nubes se van. Si alguna vez fui un rayo y no te supe esperar, maldigo mi suerte, me quiero matar. Las victorias nunca pasan por mi lado, las promesas y las dudas en el mismo trago. Necesito acertar, aunque sea un rato...